miércoles, 21 de marzo de 2007

GRACIELA CROS: "Algo se quiebra, se diluye o rompe cuando hay sólo artificio, cuando el poeta sabe que eso que dice no sangra".


Carlos Casares, Buenos Aires, 1945. Publicó, entre otros, los siguientes libros de poesía: Pares Partes (Ediciones de la Flor, 1985); Flor Azteca (Ediciones del Dock, Colección “El mono hablador” dirigida por Joaquín O. Giannuzzi, 1991); Decimos (Ediciones Bariloche, co-autoría, 1992); La escena imperfecta (Ediciones Último Reino, 1996); Urca (Editorial Libros de Tierra Firme, Colección “Todos bailan” dirigida por José Luis Mangieri,1999); Cordelia en Guatemala (Editorial Siesta, 2001); como antóloga preparó Marcas en el tránsito, Antología de Poetas Jóvenes de Bariloche (Selección y prólogo, Ediciones Último Reino,1995). En 1988 obtuvo el premio Beca Externa (Investigación/Cuba) del Fondo Nacional de las Artes. En 1992 ganó el Primer Premio de Poesía en el Concurso de la Fundación del Banco Neuquén y la Subsecretaría de Cultura del Neuquén; en 1994 resultó finalista en el Premio de Poesía de la Casa de las Américas, Cuba, y recibió el Primer Premio del Salón del Poema Ilustrado de Bariloche; en 1995 el Primer Premio de Poesía del XVIII Encuentro de Escritores Patagónicos (Pto. Madryn, Chubut); en 1998 el Primer Premio de Poesía Corona del Eisteddfod del Festival Galés de Arte Eisteddfod del Chubut. En el año 2000 su novela Muere más tarde (Editorial Colihue, 2004) mereció el Primer Premio de la Secretaría de Cultura de la Nación por la Región Patagónica. En el 2003 la Compañía de Sonidos Superpatria, discográfica de Bariloche, editó el disco compacto “Cordelia en Guatemala / Poemas leidos por su autora” , donde lee poemas del libro homónimo y del inédito Libro de Boock. Son numerosos los recitales de poesía que ha hecho acompañada por músicos y actores. También ha sido invitada a leer sus obras en festivales internacionales de poesía dentro y fuera del país. Vive en San Carlos de Bariloche desde 1971 y coordina Talleres de Literatura y Escritura Creativa.

EL POETA COMO CAJA DE RESONANCIA, ESPONJA, MÁQUINA DE CULTURA

Graciela Cros es una escritora que se ha formado a contrapelo de lo que se considera una posición cultural heredada. El capital simbólico acumulado se debe a su esfuerzo y el empeño puesto en la lectura. Escribe más allá de la "obligatoriedad del coirón" pero por eso no deja de ser una referente de la producción literaria patagónica, al contrario, es una de las voces que apuntala una diversidad poética y que se destaca en ese sustancioso cruce de generaciones que se está dando en estos momentos en el sur argentino. La poeta y ensayista española Concha García en la recientemente editada Antología de poesía de la Patagonia remarca la misma idea en el prólogo y señala de que "existen y se concatenan diversas estéticas y generaciones"; también acentúa que sobresalen en ese corpus dos vertientes: la autorreferencia y el paisaje. En la poética de Graciela Cros se hallan estos indicios así como otros, incluso en sus apreciaciones sobre la práctica poética muestra un poco la caja de herramientas que utiliza para construir su producción literaria. Así como hablaba de una diversidad de discursos poéticos en la patagonia teniendo en cuenta los diferentes textos que la conforman y que identifican a cada uno de sus autores, es interesante hacer una lectura detallada de la escritura de Cros, porque su obra contiene una sugerente variabilidad, un movimiento que centrífuga y diluye la divisoria de géneros, sostenida en los precisos montajes que realiza de los elementos que fundan y constituyen el artificio literario.
En un reportaje que me concediera para la revista Museo Salvaje explica: "Yo ya tengo un primer desplazamiento que opera como exilio y extranjería en mi imaginario y aparece muy fuertemente en mis dos últimas obras de poesía, Cordelia en Guatemala y Libro de Boock, aunque ya se anuncia en la anterior Urca. [...] Creo que sí, que estas mudanzas o inconstancias existenciales, tal vez a medias involuntarias, me reinstalan en la extranjería, como yo la llamo, y definen uno de los tópicos más presentes en mi poética"; frente a otra pregunta responde "la poesía se escribe con el oído", esa formulación en donde la escritura confabula, absorbe y mezcla la filiación paterna y el dialecto materno se prolonga en la constitución del texto como acontecimiento, donde la resonancia de lo oral muta en signo y símbolo, o sea literatura, y ese pasaje de lo oral a la escritura denota o, por qué no, connota esa condición extranjera del escritor. Por lo tanto en ese trabajo se inventará un decir, un fraseo propio, en diálogo siempre con los otros textos, desde ya, pero ese estilo exige inventarse un decir, destrozar una lengua, y desde ese lugar re-armar con la propia cosmovisión del mundo otra constelación para que se sume al universo de la literatura. El filósofo Gilles Deleuze refiere: "Las obras maestras de la literatura forman siempre una suerte de lengua extranjera en la lengua en la que fueron escritas, ¿qué aire de locura, qué soplo psicótico, atraviesa de tal modo el lenguaje? Un gran escritor es siempre como un extranjero en la lengua en que se expresa, aun si es su lengua natal. En el límite, toma sus fuerzas de una muda minoría desconocida, que no le pertenece sino a él. Es un extranjero en su propia lengua: no mezcla otra lengua con su lengua, labra en su lengua una lengua extranjera no preexistente. Hace gritar, hace tartamudear, balbucear, susurrar la lengua en sí misma." Agrego unas líneas de Cros a modo de ejemplo entre varios posibles: "...Hablo en dialecto sudaqués y la gente me encuentra pintoresca Soy monolingüe sudaca argento patagónica mapuche..."
También es necesario resaltar el ejercicio constante que realiza Graciela Cros sobre y dentro del lenguaje-objeto, en la amplitud del vocabulario que utiliza, la tipografía, la disposición del poema en la hoja o el minúsculo diseño del libro Cordelia en Guatemala publicado por la editorial Siesta de Buenos Aires que, por sus características peculiares, se puede considerar como un bello artefacto cultural. Tampoco me quisiera olvidar de resaltar la presencia de recursos estilísticos como la intertextualidad o la parodia.
Otra cosa que debo destacar es su reflexión teórica respecto al oficio de escritor, y ella misma arriesga: "La poesía sucede de una vez y para siempre, su devenir es constante. El poema sigue hablando y uno debe responder a ese llamado, esa propuesta de diálogo. El poema necesario nunca enmudece." [...] "Me gusta el poeta que pone el cuerpo. Que pone el propio cuerpo al cuerpo del poema. Cuando digo el cuerpo digo la voz. La voz del poeta sostiene los versos." Y para ir cerrando me gustaría asociar lo antedicho con otras palabras de un ensayo de Roland Barthes donde dice "escribir es dejar que otros cierren por sí mismos la propia palabra de uno...".



ENTREVISTA

—M.S: Entre tus obras se encuentran libros de poesía y narrativa, ¿qué diferencias encontrarías entre esas dos formas de manifestación que tiene la palabra?

—G.C.: Me he ocupado expresamente, sobre todo en esa obra de tesis encubierta que es Cordelia en Guatemala, de dejar en claro que no creo en la divisoria de géneros. Mis poemas son narrativos, novelas en verso; cuentan historias, presentan personajes, ficcionalizan a la manera de la prosa de invención. Pero es cierto que al escribir una novela se ponen en juego cosas diferentes, mecanismos de escritura o recursos estilísticos que en poesía pesan menos. Uno de los más notables es el manejo del tono. ¿Cómo mantener el tono de la historia que se cuenta a lo largo de 200 ó 300 páginas que a uno le llevan 2, 3 ó 4 años escribir? Es algo realmente difícil y al mismo tiempo apasionante. Es una prueba de fuego para el escritor, perseverar en su determinación a través del tiempo. Con la novela se activan juegos de opuestos, antinomias: hay que ser joven para dedicarle tanto tiempo y energía a ese trabajo de pico y pala, y a la vez hay que poseer una suerte de peculiar madurez para escribir lo que se escribe. Creo que era Olga Orozco la que decía, en su madurez, que ya no leía novelas porque le demandaban mucho tiempo y cuando uno tenía frente a sí la pared de la recta final no podía darse el lujo de derrocharlo. A mí, la escritura de la novela Muere más tarde me tragó, me sacó del mundo cotidiano y resultó muy complejo continuar con mi vida real, por llamarla de algún modo, estando tan involucrada, tan comprometida con esa vida ficcional. En mi novela la protagonista es una escritora (no imagino qué otra cosa podría haber sido intoxicada por la literatura como está, a la manera de Emma Bovary o Don Quijote) de la que no se dice el nombre a lo largo de todo el libro. En el último capítulo, otro personaje la nombra por el apellido y la llama Cros, mi apellido. Jugué esa carta. Que el lector se quedara pensando que es la novelista de apellido Cros es la que firma la novela que está leyendo. Ese juego de espejos ambiguos es la literatura. Quiero decir, la que a mí me gusta, la que a mí se me da. Trabajé mucho en la estructura, en la ingeniería del texto. Es una historia circular: el primer capítulo es igual al último, como una serpiente que se muerde la cola. Y también es un juego de cajas chinas, hay una novela dentro de otra que a su vez contiene otra. Un montaje literario con trama policial y patagónica. Literatura sobre literatura, tomo al gran escritor uruguayo Juan Carlos Onetti y su novela La vida breve como bastidor sobre el cual tejer la historia teñida por la historia e ese momento, tanto en Bariloche como en la Argentina. Yo siento que la escribí como poeta en tanto me detuve en cada palabra, cada frase, cada párrafo, cada comienzo y final de capítulo, cada título, con la obsesiva morosidad del poeta frente al poema. Y también siento que esa larga práctica de escritura enriqueció mis herramientas expresivas como poeta.

—Y acá vamos un poco más lejos si querés, hablábamos de la palabra escrita en la pregunta anterior, pero sabemos que en un principio la poesía, los mitos, las leyendas eran orales, justamente, parte de tu escritura aborda y repone ese carácter inicial del “nombrar del hombre”, incluso has llevado adelante proyectos con músicos y grabado poesía, ¿qué diferencia hallarías entre la manifestación oral del poema y la lectura silenciosa del libro que se corresponde con la modernidad?

—Me gusta el poeta que pone el cuerpo. Que pone el propio cuerpo al cuerpo del poema. Cuando digo el cuerpo, digo la voz. La voz del poeta sostiene los versos. Hay que pararse delante de un auditorio y decir lo que uno ha escrito en soledad, poner el cuerpo como andamio del poema. Es un control de lo genuino, lo verdadero de uno y del poema. Yo no puedo leer textos delante del público si no creo profundamente en ellos, en su “verdad”, si no los siento auténticos. Algo se quiebra, se diluye o rompe cuando hay sólo artificio, cuando el poeta sabe que eso que dice no sangra. Joaquín Giannuzzi decía que mucha de la poesía actual no sangra. Pienso lo mismo. Y en la lectura pública del poema esto se patentiza. Uno queda al descubierto. Bioy decía irónicamente y supongo, apuntando a varios blancos: “hay que escuchar lo que uno escribe”, y Borges repetía “si suena bien, está bien”. La poesía se escribe con el oído. Es música y la oralidad es la plataforma de lanzamiento. Cuando uno corrige debe decir los versos en voz alta, lo recomiendo siempre en mis talleres. Incluso hay correcciones automáticas que en la lectura uno hace sin proponérselo, esas valen, es la música interna del poema la que decide. A mí me pasa esto de ir corrigiendo en las lecturas públicas, voy diciendo el poema y va saltando el ripio, lo que sobra. Nunca desoigo lo que me dicen estas relecturas públicas que, en rigor, son revisiones del texto. Sigo corrigiendo mis poemas en todos los libros ya publicados. La poesía sucede de una vez y para siempre, su devenir es constante. El poema sigue hablando y uno debe responder a ese llamado, esa propuesta de diálogo. El poema necesario nunca enmudece.

—¿Existirían para vos determinantes geográficas, históricas, culturales en la elaboración de una obra? O la creatividad echa mano a toda las herramientas para poder manifestarse...

—Que la creatividad echa mano a todas las herramientas que estén a su alcance para realizarse, no me cabe duda, en eso radica su extraordinario prodigio. Lo demás, la incidencia o presencia de coordenadas geográficas, históricas y culturales se revela en la arbitraria subjetividad del poeta, felizmente es él quien decide. No hay que caer bajo “la obligatoriedad del coirón”, por decirlo de algún modo un poco insolente; quiero decir, la imponente majestad del ambiente patagónico y sus implicancias, desde sensoriales hasta metafísicas pueden estar presentes en la obra sin estarlo de un modo explícito; a mí me parece que nosotros, los patagónicos, deberíamos prestar especial atención al cliché del facilismo paisajista, a cierto color regional, de postal, turístico, que algunos lectores esperan y hasta exigen encontrar, por eso digo lo del coirón obligatorio. No creo que no se pueda trabajar en eso, sí, pero con la honestidad y el compromiso de estar humanamente en el vasto mundo siendo quien uno es. La definición de metáfora es clara en ese sentido, dice “tropo que consiste en trasladar el sentido recto de las voces a otro figurado, en virtud de una comparación tácita”. Cuando yo digo Urca, barrio de Río de Janeiro, Brasil, puedo estar diciendo Melipal, barrio de Bariloche, Argentina. Cuando digo Cordelia en Guatemala puedo estar diciendo Graciela Cros en Patagonia.

(Fragmento de entrevista publicada en revista Museo Salvaje N° 16, invierno de 2005, Santa Rosa, La Pampa).

ANTOLOGÍA POÉTICA
“Ciudad / Náufragos”

A esta ciudad con un puerto sin muelles llegan cientos de náufragos
agotados por temporales de incredulidad y falta de confianza.
Largos días en el mar han vuelto azules sus ojos y si se les pregunta
ellos niegan con fervor esa condición. No quieren admitir señales del pasado.
Buscan aquí lo que no hallaron en el Norte pero éste tampoco es el Sur
ni el Este ni el Oeste. Y aunque ellos lo saben prefieren mantener una ilusión.
Hay piratas y mercaderes. Esclavos y terratenientes. Cerdos y peces.
Nada es igual y todo se parece. De sucesivos naufragios han aprendido
y con un banco en la plaza y algo para leer suelen sentirse bien.

“Visita guiada al cráter”

En el Alto hay un volcán caliente que ofrece a los curiosos (viajeros y locales)
una experiencia única en el nuevo turismo de aventura: pelear la sobrevida
en un inmenso cráter con gavilanes, buitres y otras calificadas bestias de rapiña.
Se organizan visitas a este exclusivo centro este circo romano este lugar desesperado
por ahora bajo control.

de Flor azteca, 1991



“Geishas”

I

¿Cuándo llegaremos a Hollywood?
interroga la geisha imprudente
y se estremece el raso de su traje.

¿Acaso buscas revolotear de hadas,
lloviznar de magnolias, ser feliz para siempre
como quieren los niños?
No es así, le digo, no lo creas.
Esa colina no existe.
Aquí sólo hay arena.

Abre tu corazón como abanico y siéntate
a celebrar los brotes del desierto.
No hay otra cosa.
La luz
y estas maripositas en el viento.


VIII

Tiembla su corazón de pájaro
detrás de la brillante vestidura.
¿Cuán importante es?
pregunto a la geisha amenazada.
Esa puerta cerró.
El hombre, al otro lado, no te oye.
El hombre, al otro lado, tiene la llave
que anhelas.
¿Cuán importante es?
No te detengas frente a una puerta clausurada.
Aprende a confiar en la zozobra del propio movimiento.
No es él, al otro lado, no lo es.
Es tu temblor el que amenaza.

de La escena imperfecta, 1996



Siete ángeles españoles

X

Sin embargo
no sé
si lo conozco
suficiente
Él
se empeña
en mostrar
uno
que sospecho
no es
para el resto
─digamos
lo que está afuera del jardín
y la casa─
donde yo
no soy
la que es
para el resto


como Virginia Wolf cuando admite: “Amar la convierte a una en un ser solitario” de “Siete ángeles españoles” en Urca, 1999




Urca*

-ch-

El silencio, tormenta del pasado, botín de incertidumbre,
expande su contorno al revés de la lluvia que
en Urca
se retrae
Ni sonar de teléfono ni puño que a la puerta golpee
ni carta con vistosas estampillas de una ciudad al sur
Curiosa caja china de mudez mercenaria:
con ojos de muaré alguien vigila
y en el silencio oculta
lo robado
En su destierro
el niño se busca en el cristal y nada advierte
La sed lo lleva al agua real
LA SANTA LECHE ANHELA


-e-

Alcione Clara Milton Caetano Chico María Ney
Cometas de materia luminosa
Terciopelo de Río
Suavidades en la estrellada noche
donde rueda
la falsa biografía del cautivo
Y el mar
el mar con su corona única
para sobrevivir al simulacro
en los Jardines de Urca
de Urca, 1999 *Barrio de Río de Janeiro


Diálogo con el celta
“Oficio”

De su padre había aprendido
A distinguir el fuego y la ceniza

De mí
No sé qué
Aprendía

Yo escribía versos
Azar que a algunos pocos
Convierte en poetas

Él me animaba indulgente, afable:

A escribir, a escribir, eso me gusta.

de “Diálogo con el Celta”, en Urca, 1999



Cordelia en Guatemala

“Se habla de las palabras”

Quiso Cordelia dejar de ser una

EXTRANJERA

Fumó en K’iché’, en kaq’chikel, en
tz’utuhil, en mam, en 21 lenguas
cantarinas:

─Todavía no digo la palabra que es mía

Fumó la hija fiel
La perla sentimental
La malquerida del Rey Lear

Fumó para saber:
─También anhelo una palabra predilecta
pero sin patria

¿Cómo he de tenerla?

Fumó para saber:

─También yo quiero mi cayuco, como el Viejo
Noé, como mi amado Cara de Caballo

Fundacional tenía el ánima y quiso
aprovecharlo

Cruzó portales perfumados, vereditas alegres
Atravesó las milpas, los manglares
Comió higos silvestres, aguacates y mangos
Sol de Panajachel, rogó Cordelia, Luna de Sololá
Brisa de Chuchumatán

Vengan conmigo a bordo del Pequod
he fabricado

MI ARTEFACTO

Como el V iejo Noé, como mi amado Cara de
Caballo, ahora tengo mi cayuco:

¡VENGAN A BORDO, HICE TRAER EL
CLAVICORDIO!

ENTERRÉ A MI PADRE
(Le han puesto un número, es el 1160)

NO TENGO PATRIA

OLVIDÉ LA INFANCIA

La muerte me visita porque soy

EXTRANJERA

Porque aún

NO DIGO

MI PALABRA


Aquí
Donde no soy quien era
No soy más que un nombre, un sonido

ESCUCHEN

SUENA ASÍ:

COR – DE – LIA

Aquí
Donde no soy quien era
No soy más que una idea, un concepto

ESCUCHEN

SUENA ASÍ:

COR – DE – LIA

De este más allá en el que soy

LA EXTRANJERA

Debo hacer mi más acá

Reunir astillas, briznas de Cordelia

¿ESTO ME HA SIDO DADO
O
SOY YO QUIEN LO CREA?


de Cordelia en Guatemala, 2001




“Aves”

7

Soy una dama asimétrica
que paga con dolor
la sumisión de sus vértebras

Soy una Garza Blanca una Bandurria Mora
una Cachaña en bandada que vuela cara al viento

Hablo en dialecto sudaqués
y la gente me encuentra pintoresca

Soy monolingüe sudaca argentino-patagónica mapuche

En otra vida fui consejera espiritual
luchadora en fango gimnasta olímpica
gata de casa de escritor mujer africana lapidada

En ésta
soy lenta
como semilla da bambú

Los impacientes no me soportan

Ignoro si sembré lo que esperaba cosechar
Ignoro si pretendo cosechar lo que nunca sembré

Soy un personaje de Ficción que escribe una novela
en la que hay un personaje de Ficción que escribe una novela
y así hasta aburrir

Si me lo pide el editor
agrego o quito
un Capítulo

Éste es mi sino.

de Libro de Boock, 2004



“La parte más negra”

Un día aparece y uno siente que todo terminó.
Se pudo fingir hasta ese momento pero ya no podrá hacerlo
ni por un segundo más.
No es una mancha que se expande.
Un gas que asfixia.
Es una sensación de luz cortada.
No quedan huellas.
Uno no sabe quién es ni dónde está.
Te arrancan los ojos, te cortan la lengua, te tapan los oídos, te despellejan vivo.
No hay referencias en ese vacío.
Al rato, como si alguien encendiera la luz,
la parte más negra se esconde, es decir, adelgaza
tanto como para hacernos creer
que desapareció.
Los que estamos en el ajo
sabemos que esto no ocurre.
Una vez que se presenta nunca más deja de hacerlo.
Esto pasa de vez en cuando, por eso vuelven a aumentarme la dosis.
Si no, la parte más negra se descuelga como arañita laboriosa
y eso, aquí, es difícil de llevar.
Inédito, 2005